Señor Leguina, ¿quién necesita perdón?


El vulgo en Cataluña está perdido, desorientado. Manipulado y adoctrinado, se dirige inexorablemente hacia el despeñadero, hacia el precipicio. Hacia el abismo y hacia el espacio exterior. Somos un pueblo de súbditos, no ciudadanos; un rebaño de menores de edad a quienes han engañado y un loco conduce a la perdición.
 
Y de entre toda esa chusma que son “los catalanes”, destaca la subclase de los “inmigrantes”. Hoy día el 70% de los catalanes tienen orígenes fuera. Son los García, los Fernández, los Rodríguez, los Martínez… Todos los “ez” y muchos más. Esos son los peores, porque algunos se niegan a cumplir el papel que el régimen postfranquista les tenía reservado. Para eso el PSOE lo tenía todo atado y bien atado: masa sumisa, y entretenida de vez en cuando trayendo al presidente de la Junta de turno. A pesar de llevar algunos más de cuarenta años en Cataluña, a pesar de haber echado aquí raíces, a pesar incluso de haber nacido aquí, a pesar de sentirse catalanes, siguen siendo “inmigrantes” en Cataluña. Además de manipulados, son un hatajo de renegados y traidores, de estómagos agradecidos y tontos útiles. Son como los kapo judíos en los campos de concentración, son como el Tío Tom o como “el primer negro que salió en TV3 hablando catalán”. Imperdonable.
 
Por suerte tenemos al salvapatrias Joaquín Leguina, que nos regala sus consejos y lecciones. Retorna desde la ultratumba y el olvido político para iluminarnos, ¡ay míseros de nosotros, ay infelices!. Resulta que lo que pasa en Cataluña, esto de sacar cientos de miles de personas a la calle, esto de la sociedad civil organizada para iniciar un proceso constituyente con reformas profundas desde la base, es culpa de Artur Mas, que está tó loco y se ha metido en un callejón sin salida. Él solito. El pueblo no pinta nada, estamos alienados.
 
Joaquín Leguina representa lo mejorcito de este régimen postfranquista que agoniza. Es de esos nacionalistas que niegan ser nacionalistas, porque nacionalistas son siempre los demás, que yo la tengo más grande. Todo el mundo sabe que nación solo hay una (grande y libre) que es la Española, de españoles, y en español, porque lo dice la Sacrosanta Constitución (española). A la mierda eso de entender la nación como un plebiscito diario, como un compromiso entre ciudadanos, como una voluntad de ser. Una nación, para el señor Leguina, lo es porque lo dice la ley. ¡Y punto!
 
Y si alguien no comulga con esa visión legalista, dogmática y étnico-identitaria monodireccional del señor Leguina (y otros muchos salvapatrias del régimen), es un traidor al que hay que combatir. Solo faltaría que lo resolvieramos debatiendo y decidiendo democráticamente. ¿Estamos locos? ¡Que esto es España!
 
Pues en esas estamos los catalanes. Haciendo locuras, como pedir que nos escuchen y poder votar. Y somos muchos los catalanes de distintos orígenes, con identidades diversas y que hablamos castellano sin estar perseguidos (a quien el señor Leguina considera indómitos inmigrantes), los que formamos parte de este proceso, siendo protagonistas. Porque de eso se trata, señor Leguina, de construir juntos, entre todos, algo nuevo, algo que intentaremos que sea mejor que lo que hay ahora. ¿Qué tenemos que hacernos perdonar? Lo que no nos podremos perdonar a nosotros mismos es dejar pasar esta oportunidad para poder decidir nuestro futuro. No nos podremos perdonar el dejar de luchar para seguir progresando, que es la misma lucha que trajo a muchos, a nuestros padres, a Cataluña.
 
Quizás el que se tiene que hacer perdonar algo es el señor Leguina. Se ha convertido en un cadáver resentido y amargado, que ahora reniega de todo aquello que él representa y con lo que ha colaborado cómplicemente. Es un claro exponente de todo aquello que no funciona, de aquello que hace necesario empezar de nuevo.
 
Señor Leguina, nosotros no vamos a pedir perdón por querer ser ciudadanos y dejar de ser súbditos de ése régimen del que usted forma parte. Pero le perdonamos su desconocimiento de la realidad, aún está a tiempo de ponerle remedio, de venir y acercarse a Cataluña y a los catalanes dejando de lado su nacionalismo y sus prejuicios. Mientras tanto, nosotros vamos haciendo camino, anem fent via
Coque García
Font: Asociación Súmate, dimarts 18 de març del 2014
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